84.

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Un fuerte portazo proveniente del recibidor hizo que Alice y Laia apartaran la vista de la televisión y vieran entrar hecha una furia a su amiga Mery. La castaña arrojó con fuerza su bolso al suelo y levantó la vista para observar a sus amigas. Tenía los ojos hinchados y rojos de haber llorado.

-¡Mery! –Saltaron las dos del sofá. -¿Qué a ocurrido?
-Jeremy.. –Contestaba mientras sacaba del bolsillo delantero de su pantalón un clínex y se sonó. –Es un cerdo.. ¡un cabrón!
-¿Qué te a hecho Mery?
-Veréis.. cree que manda de mí como si fuera suya o algo. Me lo e encontrado por la calle y me ha comenzado a gritar.
-¿Gritarte, por qué?
-Había salido ha dar un paseo con Dougie, ¡tan solo un paseo! –Avisó a Laia quien ya iba a comenzar a preguntar. –Íbamos charlando, y de pronto me encuentro a Jeremy delante… supongo que había pensando mal y creyó que Doug y yo teníamos un rollo o algo. Intenté explicarle, decirle la verdad pero no me dejaba hablar, y luego sacó un tema más privado. –Las miró a los ojos mientras se secaba unas cuantas lágrimas. –Como sabéis e estado evitando quedarme sola con él o ir a su casa, y sabéis porque. –Las chicas asintieron. –Pues ha comenzado a reprocharme ese tema delante mía, y luego, después de desahogarse gritando conmigo, fue a encararse hacía Dougie.
-¿Le golpeó?
-O eso intentó. Doug le esquivó y le golpeó a el. Luego de esto, Jere se fue sin decir palabra.

Alice y Laia intercambiaron unas cuantas miradas incrédulas. Nunca hubieran creído que Jeremy fuera capaz de comportarse así. En sí, parecía un buen chico, incapaz de matar a una mosca. Pero había que admitir una cosa; últimamente se le veía muy celoso ante la buena amistad que tenían Doug y su novia.

-Entonces.. rompiste con él ¿no? –Preguntó Laia para romper el silencio.
-¿Tú que crees? –La castaña de ojos azules marinos le tiró el clínex a la cara. –No se ni como pude haber estado con él.
-Y después de eso.. ¿Qué pasó?
-Nada… me puse a llorar y Dougie intentó consolarme, pero no se, me sentía fatal y me vine a tú casa. Sabía que estaríais aquí . –Dijo señalando a Laia con la mirada.

Sus dos amigas le dieron un tierno abrazo enternecedor. Aunque Mery no hubiera llegado a amar a Jeremy, se sabía que le quería. Se acopló con ellas en el sofá, pero no tardó mucho a diera un respingo. Su teléfono móvil comenzó a sonar con la música de Friday night. Lo sacó temblorosa y observó la pantalla. Dejó caer el móvil sobre sus piernas mientras Laia lo agarraba para ver.

-Es Jeremy… -Dijo mirando a Alice.
-Trae. –Le contestó ella pasando su brazo sobre Mery y quitándome el teléfono a Laia.

Descolgó y pudieron oír unos cuantos gritos furiosos del parte del chico. Alice puso cara de enfado e infló sus pulmones de aire para soltar su escarmiento.

-¡Tú! ¿¡Pero quién demonios te crees para poder hablarle así a Mery, eh chulo!? ¿¡A ti te parece bien como la estás tratando, imbécil!? ¡Procura que yo no te vea porque te juro que te perseguiré hasta cogerte, y mejor no preguntes lo que te haré! ¡Tu INTENTA volver a llamarla y juro que te meteré un palo por donde la espalda pierde su nombre! –Y dicho esto, antes de que Jeremy pudiera volver a hablar, colgó.

Miró a sus dos amigas que se habían quedado incrédulas ante su comportamiento. Dio un lento bostezo y entregó el móvil a su dueña, volviendo a coger el mando y cambiando de canal. Podía notar aún sus miradas que no se apartaban.

-Tranquila, ya verás como no llama. A ese capullo le atormentaré de por vida como te mire siquiera.

Mery abrazó a su amiga. La apretó todo lo que pudo. El timbre sonó e hizo que se alejara lentamente con miedo al que hubiera llamado fuera Jeremy.

-Ya voy yo.. –Susurró Laia levantándose y volviendo al recibidor.

Nada más abrió la puerta, toda una estampida entró corriendo. Las primeras fueron Desi y Camden, quienes se tiraron encima de su amiga para abrazarla. Luego ya siguieron los otros cuatro.

-¡Mery! ¿Estás bien? –Preguntó primero Doug sentándose a su lado y esperando a que las otras dos dejaran de abrazarle y llenarla a besos.
-Yo sí. –Dijo despreocupada limpiándose sus mejillas. –Alice le ha amenazado de muerte. –Dijo enseñando una gran sonrisa y mirando a su amiga quien había caído al suelo debido a la multitud que se había acoplado al sofá.

83.

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-¿Vergüenza? ¿Por qué?
-Pues, porque verás Tom. –Esta vez fue ella la que decidió romper el hielo. Bastaba ya de tonterías. –Tú, como ya te he dicho, me pareces muy guapo, lindo. Eres un gran amigo para mí.. –Él mostró una triste sonrisa, y Alice se corrigió. –A veces me pregunto si te veo como algo más, Tom.. no lo sé.

La cara del chico volvió a cambiar. Alice empezó a sudar, y sin evitarlo intentó secarse con las manos. Se había puesto MUY nerviosa y Tom lo había notado.
El rubio la cogió con una mano por la barbilla y la mantuvo quieta. Con la otra, apartó el pelo de la cara y la contempló detalladamente. Era hermosa.

-Yo también me e preguntado eso, Alice. Muchísimas veces, y, creo que te quiero.

Empezó a acercar su rostro al suyo. Los nervios de Alice desparecieron ante sus acciones y palabras y cogió seguridad. Tom, por otra parte, tenía miedo, miedo a que fallara en su atrevimiento si Alice no sentía lo mismo. Se paró a pocos centímetros de sus labios, incapaz de seguir. Tenía miedo de estropear la amistad, la situación, y deseaba que Alice acabara el trabajo y le respondiera. Así lo hizo. Con más seguridad que nunca, la castaña acercó los poquísimos centímetros que los separaban y le besó, dándose un tierno beso con él. Tom le siguió el juego, empezando a jugar con la lengua.

Cuando se hubieron separado después de la falta de aire, ambos se miraron sonrojados. Se dedicaron unas sonrisas tímidas, y, antes de que volvieran a besarse, unos ladridos sonaron por debajo suyas.

-Estúpido perro.. –Dijo enfadada Alice, intentándola apartar con el pie. Dori empezó a morderle el pantalón.
-Creo que deberíamos ir… -Propuso Tom cogiéndola de la mano. Ella la apretó con fuerza, y con una sonrisa de lo más pura, asintió, pasando de la perra que intentaba molestarla por abajo.


-¡Sht! ¡Qué ya vienen! –Susurró Desi saliendo de los arbustos junto a los demás. Se tiraron todos contra uno de los bancos, y una vez la pareja apareció, empezaron a reírse como idiotas.

-¿De qué se ríen? –Preguntó Alice mirándonos sospechosa.
-Al parecer, ya hay una nueva pareja, ¿verdad Tom? –Dijo Harry sonriéndoles maliciosamente. Ellos volvieron a sonrojarse, pero Alice mezcló vergüenza con rabia.
-¡Sois unos cotillas enclenques! –Gritó soltando la mano del que ahora era su novio y acercándose al batería especialmente. -¡Aquí es imposible tener privacidad, verdad?
-Tranquila Alice, eso es bueno que vayas a salir con Tom. Sinceramente, se os veía enamorados desde el primer momento.. tantas miradas no eran normal.- Dijo Camden mientras el enfado de Alice desaparecía y volvía la vergüenza. –Además, no son la única pareja aquí. –Cambió su mirada y nos observó a Harry y a mí.
-Es cierto. –Dijo de nuevo Harry pasando un brazo por mi hombro y plantándome un beso en la mejilla. –No son los únicos.
-Además, tal vez haya una nueva pareja. –Dijo Doug en broma, colocando una mano sobre la rodilla de Mery que se encontraba a su lado. Esta dio un pequeño saltó y le miró incrédula, con los mismos ojos que su perra. –Qué era broma, Mery. Tranquila. –Le avisó el rubio explotando a risas.

Mery volvió a darle la espalda algo enojada. Tom se acercó por detrás a Alice y la abrazó la cintura, poniendo su cabeza sobre el hombro derecho de la chica. Ella volvió a hacerse tomate (¿?), pero al ver que nosotros no damos mucha importancia a aquello, acarició las manos de Tom.

-Entonces.. ¿ya son pareja? –Preguntó aún sin entender Desi, observando a los enamorados con el ceño fruncido. Alice asintió segura. -¡Por fin!
-¿Por fin?
-Se les notaba a trancas que estaban pillados mutuamente. –La castaña empezó a levantar y bajar las cejas muy rápidamente. –No lo van a negar, ¿no?
-¿Y tú de quien estás pillada, eh Desi? –Le contestó Alice, imitando su acción. Su amiga se sonrojó y la amenazó con la mirada.

82.

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-¡Dori! ¿Qué tal estas, cosita bonita? –Dijo poniendo caras tontas, mientras a Dori le daba un ataque de rabia e intentaba morder los dedos del rubio para que la soltara. Reímos todos con ganas, ya que al chihuahua parecían salirse los ojos cuando se enfadaba.

Minutos después vimos como Mery y Alice bajaban lentamente, muy lentamente las escaleras. Tenían la columna encorvada y su cara representaba un cansancio enorme.

-¿Se encuentran bien? –Preguntó Tom asustándose de sus caras. Alice fue la única que reaccionó y volvió a su estado normal, mostrando al rubio una sonrisa con vergüenza.

Sobre Tom y Alice. Por primera, eran unos estúpidos vergonzosos. Todos solíamos decir delante de ellos que entre los dos habían conexiones y que debían probar a darse una oportunidad, pero lo único que habían eran sonrojarse y intercambiarse algunas que otras miradas de reojo. A cambio, cuando se juntaban para conspirar contra alguien, no había quien les callara. Eran como uña y carne; si te metías con uno, el otro defendía. Me enternecía al ver situaciones así entre los dos.

-¿Les apetece salir al parque? –Preguntó Danny, observando como Dori se ponía a ladrarle por no querer acariciarla. Todos asentimos y salimos hacía allí.

…

Cuando llegamos nos quedamos conversando entre nosotros. Yo me dedicaba a decir cosas malas de Mery y Dori a Harry, sabiendo que las dos me oían. Dori había seguido a su dueña, y, como no, propio en ella, comenzó a ladrarme e intentar morderme los talones.

Presté atención cuando pude ver a Tom intentar hablar. Se sonrojó un poco pero mirando a Alice, le pidió que se fuera con el.

-¿Podemos hablar un momento? –Le preguntó volviendo a su colorete. Ella aceptó y se alejaron de todos.
-¿Sé irá a declarar? –Preguntó Camden acercándose a todos nosotros.
-Eso parece. –Contestó el pecoso.
-¡Oh, que bonito! –Chillaron en susurro la pelirroja y Desi, empezando a dar pequeños saltitos de emoción y moviendo las manos sin saber donde ponerlas. Cuando se calmaron, se dieron media vuelta y empezaron a observarlos disimuladamente como se alejaba. –Queremos contemplar el beso.



Alice empezó a seguir al rubio, mientras los nervios la comían enteran. Adoraba los momentos asolas con el, lo amaba, lo amaba demasiado y llegaba a ponerse muy nerviosa a su lado. Tenía miedo de fastidiarla y hacer el ridículo, pero cada vez que ella soltaba cualquier tontería, Tom tan solo se dedicaba a observarla y sonreír. Aquello le daba seguridad a sí misma.

-¿Qué ocurre Tom? –Preguntó ella simpática y con vergüenza, parándose a su lado.
-A..Alice. –Dijo este tartamudeando. Se quedó pálido observándola, hasta que Alice se empezó ha asustar.
-Tom.. ¿Te encuentras bien? –Dijo frunciendo el ceño y pasando una mano por delante de el. Reaccionó.
-Sí, si, tan solo pesaba. –Dijo volviendo a ponerse rojo. –A lo que venía. –Infló su pecho y se cargó de valor. –¿Yo te..? ¿Qué te parezco?
-¿Qué que me pareces? –Repitió ella y soltando un suspiro de decepción. –Muy buen chico.
-Pero.. en que sentido.
-Pues en todo, Tom: eres una ternura de hombre, haces reír a todos en sus peores momentos y siempre estás ahí.
-¿Y.. te parezco lindo?
-¿Lindo? –Ella rió, pero esta vez de nerviosismo. –Sí.. bastante lindo.
-Gracias. Tú también lo eres.

Los colores de los dos resaltaron en sus caras al rojo vivo. Tom volvió a coger aire y cargarse de valor, mientras cogía de las manos a la castaña. Esta empezó a sudar.

-¿Te gusto?
-Pues.. –Alice se mordió el labio inferior intentando no gritar. –Si.. mucho.

Tom la miró incrédulo, alzando las cejas y mostrando una pequeña sonrisa, que hacía aparecer su amado hoyuelo. Alice apartó la vista de el y escaneó la situación; estaban más cerca de lo que pensaban. Sin poder evitarlo, rompió a reír, pero intentando no romper la distancia.

-Lo siento.. esto es.. ridículo. Estoy muerta de vergüenza.

81.

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Me puse el pijama y me metí dentro de la cama. Un calor instantáneo me inundó al momento. Apagué la lámpara de luz e intenté conciliar el sueño, pero segundos después el móvil sonó. Mensaje nuevo. Lo cogí y abrí el mensaje. Danny:

-¿Te dormiste ya?

No pude evitar sonreírme como una tonta. Cerré el móvil de nuevo, y pasando del mensaje, intenté dormir otra vez. De nuevo, el móvil sonó.

-Se que estás despierta, te conozco. ¿Te niegas a hablarme? :(

Me sonreí con aún más ganas. ¡Basta Laia! Tienes novio, no puedes volver a sentir nada hacía Danny.. aparta el móvil y sigue durmiendo –Me decía mi mente. Pasé de ella y le dí a contestar el mensaje.

-No dormiré hasta que no pares de enviar mensajitos. ¿Qué quieres? –Respondí. Tal vez llegaba a ser un poco dura con el.. ¿debía ablandarme? Sí, tal vez.

-Te dije que sabía que estabas despierta.. te puedo llamar? –Decía el nuevo mensaje. Rápidamente, me puse a escribir la contestación con un no, pero antes de que lo enviara, la canción de I wanna hold you empezó a sonar, y una imagen y nombre de Danny apareció en mi ventanita del móvil.

-Intento dormir, Daniel Jones.
-¿Y para que me lo coges? Que me cuenta dinero.. –Dijo con tono de niño criticón. Este hombre no se ablandaba ni por la noche.
-Pues te cuelgo..
-¡No! –Dijo algo desesperante. Me eché a reír. –Y bueno.. ¿Qué quieres?
-¿Perdón? ¡Si has llamado tú! –Le oí reírse a través del móvil. Comprobado; le gustaba joderme. –Venga va, di lo que tengas que decir. Tengo sueño.
-No se… -Hubo un tiempo de silencio. -¿Estas dormida?
-¡Daniel! –No pude evitar bostezar. –Cuelgo ya. Aquí la gente se cansa y duerme.
-Yo no. –Soltó una carcajada. –Bueno, hasta mañana Laia.
-Adiós.. –Segundos de suspense. Esperaba a que el dijera la última palabra.
-Te quiero, adiós. –Y dicho esto, la línea se cortó.

Aparté el móvil lentamente de mi oreja. Me quedé unos momentos impresionada, hasta que acabé sonriéndome como una tonta. Era increíble; hace tan solo unos meses hubiera dado cualquier cosa porque me dijera eso naturalmente. Ahora, mis sentimientos hacía el ya no eran los mismos. Lo veía como un amigo, pero eso sí, donde hubo fuego siempre quedan cenizas.

…

-¡Mi bobbie! –Grité nada más entrar a mi habitación y ver al nuevo perro de Mery mordisqueando mi peluche.

Estiré de el, comenzando una batalla para ver quien tenía más fuerza; el animal o yo. Acabé apoderándome de mi mordisqueado muñeco, a quien le faltaba un brazo y un ojo. Miré con furia al perro, quien había comenzado a ladrarme reclamando su peluche.

Era principios de Septiembre. Habíamos pasado un verano normal y caluroso, como todos los años. Mery se había podido permitir el lujo de comprarse una mascota nueva, ya que su madre le había traspasado algo de dinero desde España. El chucho se hacía llamar Dori, y si, era hembra, una mala perra. Había que decirlo.

Era un chihuahua, bastante enano pero que al que ya le habían crecido sus dientes, y se dedicaba a estrenarlos con todo lo que encontraba. Mi relación con el animal era.. mejor no hablar de eso. Sabía que la mascota intentaba joderme a cada momento, porque aunque fuera un simple perro, sabía que no era tonta.

-¿¡Has visto lo que le ha hecho a mi peluche!? –Le grité a Mery tirándoselo. Le golpeó en la cara y cayó al suelo. Ella pasó del golpe y siguió hablando con Alice. Dori volvió a apoderarse de Bobbie.

Escuché el timbre en el piso inferior. Di un suspiro cansino y con furia, ya que había intentado volver a recuperar a mi muñeco, pero Dori se había metido debajo de la cama. Bajé abajo y abrí, y pude encontrarme a los de siempre. Harry, Camden, Desi, Danny, Dougie y Tom entraban sin permiso a mi casa.

-¡Buenos días! –Dije de mala gana mientras Almu y Desi me tiraban sus paraguas mojados encima. -¿Están bien a gusto?
-¿Te ayudo amor? –Preguntó Harry cogiéndome los paraguas y plantándome un beso.
-¡Vosotras dos, las de arriba! –Gritó Dougie asomándose por las escaleras. -¡Tienen que bajar, hay visita!

Pudimos oír las quejas vagas de Alice y Mery desde mi habitación. Segundos después, pude volver a oír los ladridos de la odiosa perra que bajaba las escaleras corriendo para saludar. Empezó a dar saltitos a la pierna de Dougie, quien la cogió con una mano y la puso sobre el aire, ya que el animal apenas pesaba.

80.

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No sabía cuantos minutos habían pasado desde que salí del apartamento de mis amigas, pero empecé a notar el calor y tener sed. Levanté la vista y observé los bares que había en la calle en la que me había metido.

Opté por meterme en el primero que estaba a mí alcance. Un típico bar, normal como todos, así que no me molesté mucho en fijarme en los detalles. Me senté en una de las muchas mesas que habían libres. Abrí mi bolso y busqué el reproductor. Cuando lo encontré y me lo coloqué, le di ha play para que empezara a sonar She falls asleep.

Después de que la camarera consiguiera captar mi atención ya que no había conseguido oírla, y haber pedido lo que quería, seguí mirando a través del cristal. Finas gotitas comenzaban a estamparse contra el.
Noté como mi auricular izquierdo salía de mí oído, estirado por alguien. Me giré para ver quien había sido el responsable, y me encontré la famosa sonrisa que tanto me gustaba. Danny.

-¿Qué haces aquí? –Pregunté amenazadora, mientras el se sentaba en el sitio de delante sin preguntar.
-Yo también me alegro de verte, Laia. –Dijo alegre, cruzando sus manos y mirándome con mirada pícara. -¿Qué vas a tomar?

Seguí mirándole sin decir nada. Cogí el auricular que me había quitado y me lo puse nuevo. Pasé de el y saqué mi móvil del bolsillo, empezando a buscar algún juego que tenía para entretenerme. El tetris.

Después de pocos minutos, levanté la vista hacía Danny. Seguía mirándome sin apartar la vista. Cerré el juego y me quité de nuevo el auricular, incómoda ante la mirada que no apartaba.

-¿Quieres algo? –Dije de mala leche. Había que admitirlo; me conseguía sacar de quicio.
-Qué me contestes. –Se movió un poco en su asiento, pero sin dejar de mirarme. -¿Qué has pedido?
-Un pony, unas cuantas converse nuevas, ropa, unos libros y mis antiguos CDs de Mcfly. Pero dudo que me los traigan. –Esperé su reacción, pero no se movió. Aquello me incordió aún más. -¿Me has seguido, acaso?
-No, tengo cosas mejores que hacer. –Me guiñó un ojo al ver mi cara de enfado. –Que va, tan solo pasaba y te vi.
-¿Y siempre tenemos que coincidir? –Dije de mala gana, dejando que la camarera pusiera mi chocolate caliente sobre la mesa.

Seguí hablando con el. Después de unas cuantas amenazas de parte mía y bromas de parte suya, acabamos hablando pacíficamente.
Tiempo después, miré el reloj. Había pasado una hora ya… increible. El tiempo con él se pasaba rápido, la verdad, pero ya era tarde y era mejor volver a casa.

-Creo… creo que me voy. –Dije un poco desconfiada. No tenía ganas.
-Pues bueno, adiós. –Acotó.

Me quedé incrédula. Salí de mi sitio de mala leche, pero pronto noté como me agarraba del brazo.

-Que era broma. –Dijo divertido, saliendo conmigo.

Pagué mi bebida y salí afuera, sin decir palabra. Eché a andar hacía mi casa.

-¿Te has enfadado? –Preguntó a mi lado. –Era una broma. –Dijo echándome un brazo sobre mi hombro. Me paré y le miré.
-Eres realmente odiable a veces. –Dije volviendo a caminar después de librarme de su brazo.
-Lo sé, pero caigo bien aún así. –Le miré de reojo. Estaba sacando las llaves del coche. -¿Te llevo a casa?

Me lo pensé dos veces. Mi casa se hallaba lejos, y Danny no era ningún desconocido. Acabé optando por aceptar su oferta.

79.

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Se levantó rápido de su sitio y fue corriendo hasta el frigorífico portable, donde sacó una coca-cola y se la puseo donde la zona depilada. Dio un suspiro de relax, cerrando los ojos y disfrutando de la frescura. Poco después volvió a abrirlos, y miró furioso a los bromistas.

-¡Sois unos idiotas! –Dijo sin apartar el refresco de su pecho. -¿Acaso no saben que eso escuece?
-No.. no pudimos evitarlo. –Dijo Doug, quien intentaba aguantar su risa de alguna forma. –Era una oportunidad perfecta.

Él paso de ellos, dándoles la espalda y volviendo a meter el refresco en el refrigerador. Cuando se giró, pude encontrármelo cara a cara. Yo aún seguía tapándome la boca con una mano, pero sin poder evitar una sonrisita de gracia.

-No me digas que tú también tienes que ver…
-¡No! –Salté yo sin dejar de sonreír. –Bueno, sabía que iban a hacerlo, nada más…
-¿Y no me despertaste? –Empezó a frotarse el pecho. –Se han llevado una gran parte de mí.

Reí hasta más no poder. Sinceramente, aquello había hecho gracia, y mucha. Podía oír más lejos de donde yo estaba como los causantes de la broma, se reían conmigo. Era inevitable.
Noté como unos brazos me rodearon por la cintura, y otra vez los besos en el cuello. Mis sentimientos volvieron a despertarse, pero decidí joderlos un poco.

Pasé de el y volví a mi toalla, donde Mery ya se encontraba de nuevo, tirando su crema de sol por los aires. Me senté a su lado, y como no, mi acompañante no tardo mucho en unirse a mí.

-Hola parejita. –Dijo Mery sin apartar la vista de su crema.
-¿Parejita? –Bufó Harry con gracia y pasando uno de sus brazos sobre mi hombro –Si pasa completamente de mí.
-¿Qué? –Me hice la despistada. -¿Qué estabas aquí? Ahora me entero..

Solté con Mery unas risitas ahogas. Me encantaba pasar de él de vez en cuando y no tenerlo detrás todo el tiempo.
Aquella vez no pude escapar; el batería me cogió rápido por la barbilla y me lanzó un rápido beso. Oí como la inoportuna de Mery se echaba a reír. Idiota.

…

-¿Dónde vas? –Pregunté desde el sofá, buscando como loca el mando.

Estaba en el apartamento de Mery y su compañera. Me di cuenta como Alice salió bastante elegante y guapa de su habitación y se dirigía a la puerta de salida sin decir nada.

-Nada, voy a salir a cenar por ahí tan solo; no me esperen.
-¿Cenar? –Repetimos Mery y yo. -¿Con quién?

La castaña dudó en decirnos o no. Finalmente, optó por contárnoslo. Se acercó de puntillas a nosotras, o eso creo, ya que iba con tacones.

-Tom me ha invitado a cenar. –Nos dejó mostrando una gran sonrisa.

Mery y yo intercambiamos unas cuantas miradas pícaras. Al momento, Mery comenzó a aplaudir mientras yo gritaba de alegría.

-¡Eso es bueno! –Dije abrazándola bien fuerte. –Qué romántico.. ¿y donde vais?
-Ni de broma os lo digo. –Dijo mientras cogía su bolso. –Sois capaces de aparecer por la puerta a los quince minutos. –Y dicho esto, se despidió mientras salía por la puerta.

Me quedé en silencio, mientras Mery se tiraba contra su amado sillón y sacaba el mando de su escondite. Mala pécora.

-Creo que yo también me voy a dar una vuelta. –Dije.
-¿Por qué?
-Me apetece salir a dar una vuelta… -Mery fue e hablar, pero decidí adelantarme. –Sola. Además, ¿tu no habías quedado con Jeremy en su casa?
-Sí, pero no creo que vaya. –Suspiró. -Evito quedarme sola con el en una casa.
-Mery por Dios, ¡es tu novio! –Le dije mientras me largaba a reír y me acercaba a la puerta.
-Sí, pero lo mío con el no pasa de los besos.

Me despedí finalmente, saliendo a la calle y encontrarme con un extraño sol, pero con alguna que otra nube. Empecé a caminar sin rumbo, arrastrando las converse que tanto amaba.

78.

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Todos salieron del agua acepto Tom, Alice, Mery y yo quienes seguíamos chapoteando en el agua. Había que decir una cosa: no había forma de separar a Tom y Alice aquel día. Llevaban todo el tiempo jugando en el agua juntos, como niños pequeños, pasando de los demás. Me reconfortaba verles así.

…

-¿Alguien ha visto mi toalla? –Preguntó Danny empezando a tirar todo lo de su bolsa.

Todos negaron con la cabeza. Dio un suspiro, rindiéndose a seguir buscando, hasta que vio una toalla echa una bola en la arena. La cogió y la desplegó, viendo una imagen de Dora la exploradora y su mono. Soltó una carcajada al ver el dibujo, y sin preguntar ni nada, se echó la toalla encima.

…

Un cuarto de hora después, todos los que nos habíamos quedado en el agua salimos. Corrí hacía mi toalla y busqué la de Dora. Ya no estaba allí.

-Mery.. ¿has cogido mi toalla? –Pregunté, echándome la que tenía puesta en la arena.
-No… -Me miró y se encogió de hombros, mientras le daba un sorbo a su coca-cola. Echó los ojos un poco más hacía arriba mía y pronto los volvió hacía mí. –Tal vez si te giras un poco…

Así hice. Me giré para ver a lo que se refería, y pronto lo divisé. Mi toalla estaba expuesta sobre alguien, a espaldas, de modo que no pude diferenciarlo. La cogí de un extremo y estiré de ella, quitándosela al que me la había quitado. Pude diferenciar la espalda, llena de esas pecas inigualables.

-Mi toalla no se coge. –Le advertí cuando el se dio media vuelta.
-La mía a desaparecido.. no es justo. –Criticó.

Pasé de su comentario y le tiré la toalla a Mery. Ya no me interesaba utilizarla. Me recosté sobre la arena y cerré los ojos, intentando relajarme. No duró mucho cuando oí los pasos de Mery acercarse.

-Danny ha sido el primero en estrenar la toalla. –Abrí los ojos y la miré buscando una explicación. –Que bonitooo… -Me susurró.

Le di una patada y recuperé mi toalla. Volví a cerrar los ojos, cansada después de haberme bañado. El descanso se convirtió en sueño.

…

-Laia, despierta. –Me zarandeó Alice a mi lado. –Mira, ven.

Me levanté y me puse la camisa larga. La seguí, no muy lejos y me llevó hacía donde estaba Harry, quien se había quedado dormido al sol. Mery, Dougie y Tom estaban allí.

-Le vamos a gastar una broma…
-¿Qué clase de broma?

Vi como Dougie cogía un pequeño vaso y me lo enseñaba con una sonrisa traviesa. Cera de depilar.

-Eso le dolera, y mucho… -Avisé, mirando su pecho.
-Pero será divertido. –Me contestó Dougie, cogiendo una cuchara y metiéndola dentro. -¿Listos?

Me eché hacía atrás, alejándome de ellos pero sin apartar la vista. Vi como Dougie ponía la cera sobre una pequeña parte del pecho del batería, mientras Alice, Tom y Mery aguantaban la risa, tapándose la boca con la mano.

Una vez preparados, Dougie estiró. Al momento, Harry despertó y se incorporó rápidamente, empezando a gritar de dolor. Los otros tres estallaron a risas mientras yo me tapaba la boca horrorizada. Aquello le había dolido, y mucho.